Celso Piña, el hombre “Sin Fecha de Caducidad”


“La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo”. Isabel Allende.

Por Claudia Arellano

El medio artístico, cultural y del espectáculo es un vaivén de emociones, encuentras, como en la vida, de todo, gente honesta, humilde, amorosa, alguno que otro falso y enmascarado (en el mal sentido de la palabra), pero encontrar seres transparentes y “netas”, pocos.

Celso Piña, era, uno de esos pocos que de solo hablar te vibraba una energía única, vibraba mucha cumbia, mucho amor, folclor, risas hasta el clímax de la carcajada.

El día de hoy Celso dejó de existir físicamente, pero no murió, pues como reza esa frase de Isabel Allende: “La muerte no existe, la gente solo muere cuando la olvidan”, y él es inolvidable. Fue allá por el año de 2009, cuando Piña presentaba su álbum “Sin Fecha de Caducidad”, cuando tuve la oportunidad de conocer a uno de los hombres más sencillos en toda la extensión de la palabra.

Dialogar con él no era una entrevista más, era hablar sobre, que era eso que lo había llevado a tomar el camino de la música, era hablar sobre la infancia, sobre el amor, sobre la vida misma.

¿Sencillez?, claro, algo más que eso, mientras realizábamos la entrevista en un lugar de la colonia Cuauhtémoc, un jardinero llevaba rato rondándolo, creo que no cualquiera lo habría notado, el sí lo hizo, y en un acto que hasta el momento no he vuelto a ver con ningún otro artista, Celso se levantó de la charla y me dijo: “aguanta mija”, de inmediato, pensé que había hecho algo mal, sin embargo, al acto se aproximó a dicho jardinero y le entrego un disco.

No hay palabra para describir la alegría que el señor exclamo en su rostro, Celso me pidió le pasará el plumón para firmar el material y saco de su bolsillo 200 pesos, los cuales entrego al hombre, que no dejaba de sonreír y dar las gracias.

Celso en ese momento me dijo en tono pícaro: “Ves es lo que te decía que la raza cree que los de Monterrey somos agarrados”, exalto su carcajada característica y siguió.

Sinceramente en ese momento no sabía cómo continuar la charla, hay momentos en el oficio del periodismo que pueden resultar emocionalmente “incomodos”, edificantes, amorosos, llámalos como quieras, pero son esos que te dejan sin palabras, sin aliento, pero con mucha enseñanza.

El señor Piña nació en este país, al cual el describía como maravilloso, decía: “Anda muy de moda la depresión, pero creo que esta solo viene cuando buscas el amor y la felicidad a fuera, no dentro de ti; en México no puedes, no deberías estar triste sales a la calle y algo te hace reír”. Celso Piña (El Sol de México/Sep.2009).

Celso Piña ayer “Voló muy alto”, va en camino a otro bailongo con su “Cumbia sobre el rio”. A todos nos dejaste “Un Pedacito de ti”.

“El Rebelde del Acordeón”, abrió mentes, abrió un mercado musical ecléctico y versátil, su música era del gusto de toda la raza, rucos, chavorucos, millenials, regios, etcétera. Él unifico, logró lo que muchos otros artistas no lograron, abrió un parteaguas en la escena musical, fue de los primeros exponentes en lograr colarse en Festivales que en otro tiempo eran exclusivos del genero rock.

Con el colaboraron artistas como: Eugenia León, Lila Downs, Control Machete, Benny Ibarra, Laura León, Ely Guerra y Gloria Trevi.
Piña puso a bailar a todos del estrato social que fueran, amigo de Gabriel García Márquez, el escritor, ya fallecido, siempre le pedía le tocará “La Cumbia Sampuesana”, pues al literato le recordaba su natal Colombia, relataba Celso, que un buen día “Gabo”, le diría: “Gracias Celso por poner tan alto la música de mi país”.

Foto: Google

Siempre confesó no ser un gran bailador, aunque si un agradecido de la vida, afirmaba que siempre antes de entrar a escena recordaba sus inicios y a su padre quien fue quien le regalo su primer acordeón en medio de la pobreza.

“Era un acordeón destartalado, la neta no sé si lo compro o se lo robo, pero me cambio la vida”.

Reconocía tener dos pies izquierdos pues a pesar de poner a bailar a todo el mundo, el “dancing” no era su fuerte. “A mí no se me da el baile, prefiero un ataque cardiaco a bailar”.
Descanse en Paz Celso Piña Arvizu.

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