Por Carmen Sánchez
La empresa mexicana, que está próxima a cumplir 100 años, apuesta por el audio de alta gama, la manufactura nacional y equipos diseñados para durar décadas, mientras el formato físico recupera terreno entre los jóvenes.
De los primeros años de la electrificación y las radios de galena a los sistemas de audio de alta gama que hoy se exportan a Estados Unidos y buscan ampliar su presencia en Europa, la historia de Margules ha transcurrido prácticamente a la par de la evolución tecnológica del sonido en México.
La empresa, fundada por el abuelo del ingeniero Julián Margules hacia finales de la década de 1920, se prepara para celebrar sus primeros 100 años. Aquella compañía comenzó vinculada con los albores de la electricidad, la radio y los transmisores, en una época en la que la electrónica todavía estaba lejos de alcanzar el desarrollo que tendría décadas después.
“Obviamente no empieza como está actualmente; no había la electrónica como tal, estaba la parte de los albores de la electricidad y la parte mecánica”, explica Margules, quien actualmente encabeza la compañía.
Fue durante la década de 1960 cuando la empresa comenzó a incorporar manufactura propia. El cierre comercial del país llevó a la compañía a integrar productos fabricados en México a las líneas de una empresa que hasta entonces se había dedicado principalmente a la comercialización.

En esos años también se desarrolló una particular vertiente del negocio: los llamados camiones multimedia. En un México donde todavía había comunidades sin cines, compañías comerciales llevaban a los pueblos proyectores, plantas de luz y sistemas de sonido para exhibir películas y, al mismo tiempo, promocionar productos de consumo.
Margules recuerda que su padre fabricaba aquellos vehículos para compañías como Coca-Cola, Pepsi-Cola y Bimbo. Eran sistemas complejos para su época, pues debían incorporar una planta de luz, amplificadores y trompetas, entre otros elementos.
Durante los años setenta, la empresa comenzó a fabricar amplificadores y bocinas. Pero sería la apertura comercial de México, hacia finales de los ochenta y principios de los noventa, la que marcaría un nuevo punto de inflexión.
Con la entrada de productos extranjeros al mercado mexicano, numerosas empresas nacionales dejaron la manufactura para dedicarse a la comercialización. Margules tomó otro camino: ingresar al mercado de nicho del audio de alta gama.
“Como no me gustaba el audio, empezamos a trabajar”, recuerda Margules con humor sobre aquella etapa en la que decidió asumir la dirección de la compañía.
La estrategia consistió en desarrollar equipos de alto desempeño capaces de competir con productos importados no necesariamente por precio, sino mediante diseño, investigación y una propuesta tecnológica propia.
Escuchar como entiende el cerebro
Uno de los elementos centrales de esa propuesta es ANA, siglas de Administración Euroacústica, una metodología desarrollada por la empresa a partir de la manera en que el cerebro humano percibe y decodifica el sonido.
Margules explica que buena parte de los métodos convencionales de medición de equipos de audio se concentra en la frecuencia fundamental de una nota. Sin embargo, los armónicos —las ondas que acompañan a esa frecuencia— son determinantes para identificar el timbre y la ubicación espacial de una fuente sonora.
La diferencia puede percibirse, por ejemplo, entre un piano y un violín que interpretan la misma nota.
“Los armónicos resultan ser mucho más importantes que la fundamental”, sostiene.
A partir de esta concepción, la empresa busca desarrollar equipos capaces de producir un sonido que Margules define como “orgánico” y natural, además de permitir una mayor percepción de la ubicación de los instrumentos dentro del espacio acústico.

Esta filosofía también modifica la manera en que se diseñan los equipos. En lugar de recurrir a determinados circuitos de corrección convencionales, la compañía desarrolla sus productos a partir de un acercamiento distinto al diseño acústico.
Margules encabeza el área de diseño y trabaja con un equipo de ingenieros que convierte sus planteamientos en productos. A ellos se suman ingenieros industriales encargados de aspectos relacionados con la fabricación y el diseño físico de los equipos.
Aunque la empresa utiliza componentes provenientes de distintos países, buena parte del valor agregado se genera en México. De acuerdo con Margules, entre 60 y 70 por ciento del costo de los componentes corresponde a piezas fabricadas en el país, sin considerar la mano de obra.
Las cajas acústicas, amplificadores y transformadores, entre otros elementos, se fabrican en México, mientras que algunos componentes son producidos especialmente para Margules por proveedores nacionales o extranjeros bajo especificaciones de la compañía.
El control de calidad constituye otra parte importante del proceso. La empresa trabaja con proveedores que deben cumplir procedimientos y especificaciones determinados y cuenta con sistemas internos de certificación, trazabilidad y control de cada equipo desde su diseño hasta su fabricación.
“Como exportamos, cualquier falla es un problema y, aparte, el producto que compras tú tiene que ser igual al que compra la otra persona cuando es del mismo modelo. Esa repetitividad también” es parte del reto, explica.
Equipos para durar décadas
En un mercado dominado por la obsolescencia tecnológica, Margules plantea una filosofía distinta: fabricar equipos que puedan permanecer en funcionamiento durante décadas.
Por ello, los componentes digitales se mantienen separados de los sistemas analógicos. La razón, explica Margules, es que mientras la tecnología digital puede quedar obsoleta con el paso del tiempo, los componentes analógicos no necesariamente tienen que ser sustituidos.
De esta manera, cuando llega una nueva tecnología digital, el usuario puede actualizar solamente la parte correspondiente sin tener que reemplazar todo el equipo.
Un amplificador de la compañía, afirma, puede estar diseñado para funcionar durante 60 o 70 años.

“Tenemos programas de actualización”, señala.
La empresa también desarrolla un modelo de economía circular mediante el cual recibe equipos de clientes que desean pasar a un sistema de mayor nivel. De esta forma, los aparatos no necesariamente terminan desechados cuando su propietario quiere actualizarse.
A esta estrategia se suma el uso de materiales que buscan reducir el impacto ambiental, como maderas sustentables y aceites en lugar de determinados barnices.
Del streaming al vinilo
El resurgimiento del formato físico, particularmente del vinilo, también ha abierto nuevas oportunidades para las compañías vinculadas con el audio de alta fidelidad.
Para Margules, el regreso del disco físico responde, entre otras razones, a una necesidad de conservar un acervo personal.
“Muchas veces lo heredas y tus hijos lo escuchan posiblemente 40 años después, 50, y los lleva a cuando estaban contigo”, explica.
Frente al carácter intangible del streaming, el disco representa un objeto que puede conservarse, coleccionarse y transmitirse entre generaciones.
Eso, sin embargo, no significa que una tecnología tenga que desplazar a la otra. Para Margules, el streaming y el formato físico cumplen funciones diferentes.
Mientras el streaming permite descubrir música y escucharla sin necesidad de adquirir cada álbum, el vinilo representa una experiencia de colección y posesión.
“Yo no creo que solamente haya una solución única”, afirma.
La compañía también ha observado un crecimiento de consumidores jóvenes interesados en sistemas de alta fidelidad. Su principal grupo de compradores se encuentra actualmente entre los 35 y 45 años, aunque Margules reconoce una presencia importante de consumidores más jóvenes.
Parte de este acercamiento se ha producido mediante la presencia de los equipos en restaurantes, clubes, bares y los llamados listening bars, espacios en los que la escucha de música adquiere un papel central.
La empresa también participa en distintos puntos de la cadena de producción y consumo musical, desde estudios de grabación hasta sistemas para hoteles, recintos y grandes eventos.
El vinilo no es sólo nostalgia
El regreso del vinilo también ha generado un nuevo interés por el cuidado y conservación de los discos.
Margules explica que los problemas que antiguamente podían afectar la reproducción de un disco —como el polvo, los residuos y los daños ocasionados por agujas inadecuadas— pueden reducirse mediante equipos especializados y un manejo correcto.
La compañía incluso cuenta con máquinas capaces de remover residuos acumulados en los discos, lo que permite recuperar grabaciones que parecían deterioradas.
Sin embargo, el ingeniero advierte sobre los llamados tocadiscos portátiles de bajo costo, particularmente aquellos que se han popularizado entre consumidores jóvenes.
A su juicio, estos dispositivos pueden ejercer una presión excesiva sobre el surco y terminar dañando el disco.
“No tiene nada que ver una cosa con otra. Es como comprar un patín con un coche”, dice al comparar estos equipos con los sistemas de alta fidelidad.
Margules no fabrica discos de vinilo, pero trabaja estrechamente con integrantes de la industria. Sus sistemas son utilizados como monitoreo por fabricantes y estudios, entre ellos Rey Vinilo, además de otros proyectos relacionados con la producción musical.
Sonido, diseño y arte
La empresa también ha encontrado un espacio de colaboración con artistas y diseñadores mexicanos.
Margules ha desarrollado consolas y piezas especiales en colaboración con despachos de diseño y artistas, entre ellos Gabriel Macotela y Nicolás Guzmán.
Esta relación entre sonido, diseño y arte forma parte de la concepción integral de la compañía, para la cual un equipo de audio no debe limitarse a funcionar correctamente, sino también integrarse visualmente al espacio en el que se encuentra.
La empresa ha desarrollado además soluciones para restaurantes, hoteles, clubes y grandes recintos, entre ellos proyectos especiales para el Museo del Mundo Maya.
Una empresa mexicana que busca nuevos mercados
Actualmente Margules exporta a Estados Unidos y cuenta con presencia en países de Sudamérica como Colombia, Perú, Chile y Argentina. La compañía trabaja además en su expansión hacia Europa, particularmente desde España, y en procesos de certificación que le permitan ampliar su presencia en Oceanía.
Su crecimiento, asegura Margules, ha sido de alrededor de 30 por ciento anualizado en promedio durante varios años.
La estrategia, sin embargo, no se basa exclusivamente en el crecimiento del mercado de la música física, sino en la búsqueda de nuevos mercados para una empresa que mantiene una producción relativamente pequeña.
“Somos una compañía chiquita, pero sí traemos ese crecimiento”, afirma.
En México, sus equipos se comercializan principalmente a través de su showroom y de distribuidores especializados, con presencia también en Guadalajara y esfuerzos de expansión en ciudades como Monterrey y Mérida.
Su apuesta continúa siendo la del audio de alta gama, pero lejos de la idea del lujo entendido únicamente como exclusividad o precio.
“Nosotros sí tenemos el performance, pero no queremos manejar el lujo por el lujo, sino el lujo de alto desempeño”, resume Margules.
A casi un siglo de su fundación, la empresa familiar busca así mantenerse en una industria que ha cambiado radicalmente: de la radio de galena al streaming, de los primeros amplificadores a los sistemas digitales y del consumo masivo a una nueva generación que vuelve a descubrir el valor de escuchar música como una experiencia.
Y, en esa búsqueda, la apuesta de Margules es que el sonido no tenga fecha de caducidad.




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